❤ O SENTIMENTO DUNHA ALMA ❤

AMIGO “TIEMPO”

(Silvia Nelli)

MAMÁ…

Mamá!!! ¡Duermes???

La canción de cuna que me cantas generalmente, se quedó a la mitad, ahogada en un bostezo. Tengo las sábanas puestas aquí, sobre mi estómago, que calor hace aquí….

 ¿Estás cansada esta noche, mamá?

Hoy, en el desayuno, te hubiera gustado probar unos bizcochos nuevos. Pero papá ya había salido, y me dijiste que los comeriáis juntos mañana.

Te vestiste de azul, así me contaste. Dices que es como el mar, como el cielo. Dices que será como yo, tan inmenso, tan maravilloso. Y te pones un jersey tejido a mano, pero, sin cinturón. Ya no lo usas más, tienes miedo de dejarme sin aliento. Te pones un poco de maquillaje. El rímel te hace las pestañas muy largas.

Te acompañé al trabajo, tomaste el auto y te enojaste con el que iba delante de ti porque giró sin poner la flecha.Le gritaste: “¡idiota!”. ¿Qué significa esto? ¿Es algo hermoso? Porque reíste después?. Desde luego… eres tan  graciosa, mamá…

Comiste poco, en el almuerzo. ¿Por qué? No estás bien? Lo siento, es mi culpa. Te duele la panza y siento que a menudo vas  al baño, toses y tienes que apoyarte  en el lavabo. Me pone triste cuando estás enferma. ¿Pero escuchaste al doctor verdad? Mantén la calma. Estas cosas duran poco tiempo.

Está fría esa gelatina que te pone en la panza. ¿Puedes decirle que me da escalofríos y que estoy temblando, por favor?

Te escuché hablar de mí esta tarde. En el teléfono, dijiste que estaba creciendo.

Y después no sé…tal vez estábamos en un parque. Parecía que aplastabas unas hojas, hicieron “cric cric”. Me explicaste que son de color rojo y amarillo, y vuelan en el cielo para abrazar otras hojas similares a ellas.

Entonces, viendo que seré como tú, ¿me abrazarás también?

Te ves siempre en movimiento, caminas con tacones bajos, esperas ya la primavera, escribes poesía y la titulas “A ti, mi hijo”. y la vas enumerando. Has llegado al capítulo  vigésimo tercero. Los memorizaré.

Mamá, ¿duermes?

Pero, ¿cuánto tiempo debo permanecer aquí?

Quiero conocerte, mamá.

 Sabes?Paso los días imaginándote.

Eres hermosa, con los brazos largos, el cabello rizado y los ojos que a menudo lloran. ¿Qué pasa, no me quieres?

Es broma,mamá. Te estoy tomando el pelo.

Papá a menudo lo hace contigo, ¿verdad? Y luego os reís juntos.

 Dios mío, qué hermosa música la que se forma con vuestras sonrisas!!!.

 Y cuando os  escucho jugar, también soy feliz y no puedo evitarlo, así que voy a jugar también yo.

¿Te molesto?

Cuando os  besáis, sin embargo, estoy en silencio, me da vergüenza, pero mi corazón late muy fuerte.

Ahora, ¿dónde está papá?

Ah sí, me lo dijo esta tarde. Tenía un partido de fútbol y llegaría tarde. Lo escuché cuando le dijiste que no ibas a verlo, para que yo no pasara frío. Yo también lo animo,sabes?

Y cuando marca un tanto, hago una voltereta. Me dijiste que así  él también es feliz. Comienzo a prepararme, pues despues él me enseñará.

Sóis expléndidos los dos.

Me encanta cuando os abrazáis: yo me quedo en el medio, apretado entre ambos, casi no alcanzo a respirar. Quiero repetirlo, cuando realmente esté con vosotros.

Mamá!?

Sí, creo que duermes. Hablaré bajito y trataré de no moverme mucho.

Buenas noches, mamá.

Te amo

Y pronto aprenderé a decírtelo.

 

 

SONATA PARA PIANO
(http://elcrujirdelaescarcha.blogspot.com/)
Ahora que nos hemos quedado solos en esta casa tan grande, permitidme que ejerza de abuelo y os cuente una historia que me sucedió cuando tenía más o menos vuestra edad. Tuvo lugar unos meses antes de que contrajese matrimonio con la abuela. Tras cuatro años de intenso trabajo, había logrado finalizar mi sonata para piano. Estaba exhausto. El vacío y un inmenso desasosiego me invadían a causa de tanta ociosidad después de un trabajo tan intenso. Mi entonces novia, vuestra abuela, que daba clases de violonchelo en una academia, me habló de un compañero suyo, profesor de armonía, que pensaba tomarse un año sabático para viajar por Europa. En este periplo, tenía previsto visitar durante unas semanas a un compositor amigo suyo que se había retirado a un pueblecito en plenos Alpes suizos. El profesor, de nombre Antón, estaba dispuesto a llevarme con él siempre y cuando lo dejara en libertad para hacer su vida. 
  Imposible describir la emoción que sentí cuando mi prometida me dijo quién era el compositor. Se trataba del autor de sonatas y conciertos para violín que gozaba del mayor reconocimiento en la Europa de aquellos años de mi juventud. Disculpad si no os doy a conocer su nombre; hace muchos años que murió y pronto comprenderéis que quiera ocultar su identidad con el fin de salvaguardar su honra. Conformémonos, pues, con llamarlo Mihail.
  Salimos de la Estación del Norte a mediados de mayo, pero no llegamos a nuestro destino hasta el cinco de agosto. En aquellos años los trenes no eran muy veloces y había que hacer noche en las poblaciones que salpicaban el camino si se quería recorrer grandes distancias. Antón tenía elegidas algunas ciudades en las que permanecimos varios días: Narbona, Montpellier, Niza, Génova y Milán, entre otras. Pronto supe que la elección de tales ciudades tenía poco que ver con sus bellezas arquitectónicas. Mi compañero de viaje formaba parte de una sociedad semiclandestina que organizaba partidas de póquer por el sur de Europa. No os voy a contar mucho más del bueno de Antón; esa sería otra historia no menos interesante, pero que me desviaría de la que os quiero contar. Sólo os diré que, en las ciudades en las que pernoctábamos, solía desaparecer después de cenar conmigo en algún restaurante y no regresaba al hotel hasta bien entrada la madrugada. A la mañana siguiente de sus andanzas, no daba señales de vida hasta el mediodía, dejándome solo en mis visitas a los lugares que él mismo me había recomendado. Después he regresado muchas veces esas mismas ciudades, pero nunca me han parecido tan bellas como en aquel viaje, cuando las vi por vez primera.
  Como os digo, llegamos a nuestro destino el cinco de agosto: lo recuerdo muy bien, porque era mi vigésimo noveno cumpleaños. Pero no fue hasta unos días más tarde cuando conocí a Mihail. No consigo recordar cómo se produjo nuestro primer encuentro: si nosotros le hicimos una visita de cortesía o fue él mismo el que se acercó a la pensión en la que nos habíamos alojado al saber que Antón se encontraba en el pueblo. Los días en aquellos parajes suizo se sucedían tan iguales, que se confunden en mi memoria. Desde el primer momento, me impresionó la calidez de su trato; que no guardara distancias conmigo, pese a ser un desconocido para él, que era un hombre afamado buscado por muchos más importantes que yo.
  Mihail llevaba una vida regular de la que enseguida formamos parte Antón y yo. Aunque, tal vez, deba excluir a mi compañero de viaje, que siempre fue por libre. Dedicaba, Mihail, las mañanas a su música. Cuando lo conocí, estaba componiendo su quinto concierto para violín y orquesta. Después de comer, le gustaba dar un largo paseo por los alrededores del pueblo y llegaba hasta nuestra pensión con una invitación para que nos uniéramos a él. Al principio, Antón venía con nosotros, pero, como os digo, después de algunas semanas, no era raro que se ausentara durante varios días y acudiera a la llamada de una partida de cartas. 
 En la época estival, era un placer recorrer el cantón del Valais. Los campos se habían teñido de verdes y constituían una deliciosa tentación para los rebaños de ovejas que pastaban en ellos. A los lados de las veredas, las flores asomaban entre la hierba como si fuera un tapiz bordado con manos primorosas. Nunca he sido un entendido en flora, pero sí recuerdo las blancas edelweis y las gancianas de color violeta, azul y amarillo con las que las niñas del pueblo componían ramilletes y guirnaldas. En los rincones a los que no llegaban los rayos de sol, Mihail me descubría montículos de nieve del invierno anterior y, en las rocas humedecidas, el musgo de suave tercipelo. Recuerdo con ternura un cervatillo que andaba perdido en busca de su madre. ¡Cómo habríais disfrutado de haber estado allí!  
  ¿Qué os puedo contar de Mihail? Cuando lo conocí, era un sexagenario de larga cabellera plateada que no perdía su porte elegante ni cuando iba vestido de manera informal dispuesto a emprender una caminata de varias horas. Durante aquellos paseos, era una delicia dejarse hechizar por su conversación. A lo largo de mi larga vida, pocas veces he tenido la oportunidad de departir con personas tan amenas y profundas a un tiempo. Lo mismo hablaba de arte, filosofía o literatura que contaba divertidas anécdotas de la gente que había conocido. Tenía un fino sentido del humor que le permitía retratar de forma certera a las personas haciendo uso de la ironía, mas sin llegar a la crueldad, tan frecuente en otros. Generoso, no se limitaba a hablar sino que era un oyente atento y considerado. Se interesaba por mi carrera; por los profesores que me habían formado y los planes para el futuro. Yo no me atrevía a hablarle de mi sonata para piano; a su lado, me sentía muy poca cosa y me avergonzaba de la pequeñez de mi obra: tal era mi admiración por el venerable compositor. 
  El tiempo avanzaba despacio animado por los paseos en los que recorríamos aquellos parajes tan bellos. Las mañanas transcurrían plácidamente gracias a los libros que me había prestado Mihail y que yo leía también con lentitud deteniéndome en los pasajes que llamaban la atención, admirado de la precisa elección de las palabras por parte del autor. Aquellas lecturas me abrieron las puertas a mundos para mí desconocidos.  Recuerdo la honda impresión que me causó La Montaña Mágicade Thomas Mann, que releí en más de una ocasión. Desde la ventana de mi habitación, disfrutaba de la vista de las cara norte del Monte Cervino, con sus afiladas aristas. Aquella impresionante pirámide de la naturaleza me imponía y atraía a un tiempo. Mi casero, viendo mi interés, arregló una excursión con un guía del pueblo que organizaba visitas en grupos pequeños. Hube de coger el tren de Gornegrat a las cinco de la mañana porque nuestra intención era disfrutar de la luz del día; mas una tormenta nos impidió llegar a nuestro destino y tuvimos que dar la vuelta a medio camino. Después, ya no tuve oportunidad de repetir el intento hasta que, años más tarde, quise enseñarle aquellos bellos parajes a vuestra abuela.
 Un día, Mihail me invitó a comer a su casa. Era propietario de un pequeño chalet a unos tres kilómetros del pueblo, donde vivía con una mujer que algunos decían que era su esposa, otros, su amante, mientras que para los aldeanos, se trataba de su ama de llaves. Antón no supo aclararme el misterio y cada día me daba una versión distinta. Cuando llegué a la casa del compositor, la mujer estaba en el jardín arreglando un parterre de rosas a la entrada al jardín y ya no volví a verla en todo aquel día, pues ni siquiera comió con nosotros.
 He de deciros, queridos nietos, que aquel fue uno de los días más felices de mi vida. La comida estuvo regada por un Burgeland exquisito y amenizada por la inteligente conversación a la que Mihail me tenía acostumbrado. Al terminar los postres, tomamos el café en la sala de música en la que solía trabajar. En ella, además de un piano y distintos instrumentos, había en un confortable rincón dos sillones tapizados de terciopelo del color de las ciruelas maduras y una mesa de cristal, donde pasé horas hablando con mi amigo. Las paredes estaban cubiertas de anaqueles con miles de libros. ¿Cómo expresaros, queridos nietos míos, la emoción que sentía por encontrarme en aquella sala a la que estaba vedada la entrada a tanta gente? 
  Mihail me estuvo hablando del concierto para violín que estaba componiendo, el quinto que pensaba estrenar. Tuve el privilegio de escuchar posiblemente antes que ninguna otra persona su primer y tercer movimiento. Me contó cuán difícil le estaba resultando la composición del segundo, que había tenido que reescribir varias veces sin haber encontrado aún el motivo central que hiciese de hilo de unión de la melodía.
  Conmovido por ser el destinatario de sus confidencias y quién sabe si también víctima de los efectos del vino austriaco, me armé de coraje y le hablé de mi sonata para piano. Después de haber escuchado los dos movimientos de su inconcluso concierto, no pude negarme a complacerlo y toqué para él algunos fragmentos de mi sonata. Me hizo sentar en su piano, el mejor que han acariciado las yemas de mis dedos, y me sumergí en el adagio. Me parece que lo estoy viendo, concentrado mientras escuchaba mi ejecución; con los ojos cerrados, las manos entrelazadas bajo el mentón. Cuando terminé, la emoción velaba sus ojos. También yo estaba conmovido; tanto que no fui capaz de pronunciar palabra alguna de agradecimiento tras recibir su efusiva felicitación. Mihail fue el primero en recobrar la serenidad. Tomó asiento de nuevo y me invitó a tocar desde el principio la sonata completa.
 Salí de su casa cuando se ponía el sol. Me sentía tan feliz y exultante que no me apetecía recluirme en la habitación de la pensión. Poco antes de llegar, tome la vereda que llevaba a la dehesa y estuve caminando hasta bien entrada la noche. Los pensamientos entraban y salían de mi mente a una velocidad que me impedía aprehenderlos. Se abría ante mí un futuro de amistad con el hombre que más admiraba; el que me guiaría en la larga senda hacia la Gloria. Mas no sabía que aquél sería el último día que lo vería en mi vida.
 Al día siguiente, el viejo Mihail mandó recado por medio de la mujer que vivía con él para comunicarme que estaba en pleno trabajo de composición y que no podría verme en unos días. Su ausencia llenó de hastío las horas. Ni siquiera la lectura de Thomas Mann se podía comparar con la brillante conversación del compositor. En más de una ocasión, dejé que mis pasos me guiaran hasta los aledaños de su propiedad con la esperanza de avistarlo aunque no fuera más que de lejos, pero nunca acerté a verlo y sólo una vez tuve la suerte de cruzarme con la mujer, que venía de hacer unas compras del pueblo y quien me advirtió de que Mihail seguía imbuido en su proceso de creación, sin querer que nadie lo molestase. 
 Semanas después de nuestro último encuentro, supe por mi casera que había partido a París sin dejar dicho si regresaría en breve.
 En octubre, cuando las nieves volvieron a hacer acto de presencia en el distrito de Visp, tomé el camino de regreso a casa. Nadie me acompañaba. Antón seguía con su periplo de juego y me había invitado a seguirlo, pero yo ya estaba cansado y quería retomar mi vida. En diciembre, me casé con Elsa, vuestra abuela, y empecé a buscar la manera de estrenar mi concierto:  sin éxito, debo decir.
 Cinco años después de mi gira europea, recibí dos entradas para asistir al estreno del Concierto para violín y orquesta número cinco de Mihail. Acudí lleno de emoción acompañado de Elsa y de unos amigos con los que habíamos ido a cenar en un restaurante próximo al Teatro Real. Elsa estaba bellísima, con un vestido de noche negro drapeado que dejaba sus hombros al descubierto. 
 Al oír los primeros acordes retrocedí a mi verano suizo. Las notas del violín me traían el balido de las ovejas y me hacían evocar el vuelo majestuoso del águila real. ¿Cómo describiros la emoción al oír los acordes de aquella música que había escuchado años antes en una pequeña sala antes que ninguna otra persona?
 Cuando comenzó el segundo movimiento, aquel adagio que tanto había costado componer, creí morir de la intensa emoción. El sudor perlaba mi frente y, en palabras de vuestra abuela, me quedé pálido como la muerte. Los amigos que disfrutaban con nosotros de la velada, creyéndome indispuesto porque me hubiera hecho daño la cena, trataron de convencerme de que abandonase el palco para que el aire de la noche se llevara mi malestar. Sólo Elsa conocía la causa de mi desazón. Aquellas notas, aquellos acordes que encantaban al público no eran otros que los que formaban la melodía principal de mi sonata para piano; unos acordes mucho mejor matizados al haber desaparecido las notas menos armoniosas. La orquesta le prestaba mayor grandiosidad y el violín la dotaba de una dulzura que yo nunca pude ni podré lograr; mas allí estaba mi música, aquella que había salido de mi alma y de mi corazón, aquella que nunca más volvería a ser mía.
 Después de aquella noche, traté de ver a Mihail con el fin de que me diese alguna explicación. Me presenté en su casa en numerosas ocasiones y siempre se negó a recibirme. Un conocido de ambos me persuadió de que abandonase mis tentativas de concertar una entrevista con él: el célebre compositor decía no acordarse de mí, mucho menos conocerme. Nuestro amigo Antón tampoco pudo hacer nada. Dejó entrever que Mihail lo había amenazado con sacar a la luz su devaneos los naipes. Tampoco me fue posible acudir a los tribunales. Ningún abogado quiso representarme en una querella contra quién entonces gozaba de toda la credibilidad: ¿quién iba a creer a un músico desconocido como yo?, ¿qué pruebas podía aportar más que mi palabra, la palabra de un don nadie?
 Nunca pude estrenar mi sonata ni quise componer nada más después de aquella decepción. Durante años, ni siquiera pude abrir la tapa del piano. Pero la música es para mí tan necesaria como la luz del sol y acabé siendo el profesor de solfeo que todos conocéis.  

 

UNA MUJER ASÍ

(Moisés Cornago)…..Bello

Una mujer así… Y que le gusten los perros.

Y viajar. Movernos por todo el mundo…
Excepto los domingos. Los domingos enteros en una cama. Domingos de cosquillas. 
Que tenga cosquillas. Y que me las haga.
Y la naturaleza en una tienda de campaña.

Y mirarnos en silencio. Y luego hacer mucho ruido bajo las sábanas.

Y que sepa batallar conmigo frente al mundo. 
Y que acepte treguas en mitad de una discusión. 
Y que siempre nos encontremos en las disculpas,
volviendo a ser los que éramos antes de los desastres.

Y que sepa que soy un desastre para la moda, e intente cambiar eso.

Y que no acepte que le abra las puertas y la deje pasar primero,
aunque sepa que lo voy a seguir haciendo el resto de mi vida.

Y que asuma que la casa siempre parecerá una biblioteca. 
Y que le guste leer. Y que sonría cuando la deje notas
en sus libros preferidos.

Y que no me mire mal si no soy capaz de ceder el último trozo de tarta,
si es de queso con arándanos.

Y que me deje recorrer su cuerpo susurrándola 
el futuro que veo en cada poro de su piel.
Y que recorra el mío saltándose los límites de velocidad.
Y que me pida infringir las leyes físicas cada noche.

Y que, cuando la llame “enana”, quiera escalarme.
Y que siempre me corone. Y que me reclame como territorio suyo al Estado.

Y aunque soy muy alto, sé cómo ponerme a la altura de mi chica. 
Porque sé ponerme de puntillas.

Y que me ponga, “si me besas, rojitas las orejas”.
Y que sepa que “lo más lejos, a tu lado”.
Y que me llame “My Inmortal”. Y que Benedetti
la descubra como su sirena.

Y que tenga sentido del humor. Mucho sentido del humor. 
Que sepa que yo soy bastante idiota, 
y que considero que reírse es tan vital como respirar. Como jugar.

Y que juegue conmigo al escondite en los centros comerciales. 
Y a ver quien aguanta más sin reírse mientras nos miramos.
Que juegue conmigo. Pero sobre todo, 
que NO juegue conmigo.
Que no finja el amor.

Y que no la importe mi forma de bailar,
porque sepa que lo hago con el corazón,
y nos riamos juntos fuera del ritmo de la música,
fuera de estilos, solos los dos,
juntos, pegados, piel con piel,
huesos con huesos.

Y que nunca tenga miedo del mundo, porque yo
“mataré monstruos por ella”. Cualquier monstruo.
Y arrasaré con todo aquello que la amenace.

Y que sepa que “mi corazón la sostendrá siempre
que sus piernas no puedan hacerlo”.

Y que en una caricia, logre que pierda un latido, 
porque a veces hay caricias que logran parar al resto del mundo.

Y que quiera ver conmigo toda la serie de Friends.
Y que nunca nos tomemos un descanso.

Y que sonría cuando nos llame a nosotros mismos: El señor y la señora Plato.
Y que me rescate de If. Y que se venga conmigo a la Isla del Tesoro.
Y que derribemos juntos todos los molinos de viento
que la vida nos ponga por delante.
Y que quiera combatir los pequeños inviernos
de cada día, de este jodido mundo…
con la calidez de nuestras piernas.

Una mujer así. Con todo aquello que yo también ofrezco.
Porque yo te ofrezco el amor que plasmo en mis poesías,
e incluso te ofrezco el que puedas descifrar
entre líneas.

SOLEDAD

(http://relatosenremenor.blogspot.com/)

Arranqué la hoja de noviembre, sin duda la que más placeres me había proporcionado durante este año: la fotografía de un bombero con el torso desnudo , ataviado con un casco de gladiador y una campestra. Me excitaba esa fotografía, su mirada lasciva que traspasaba el papel y provocaba que mi cuerpo alcanzara décimas de fiebre.

Me dejé caer en la cama esperando que el sueño no tardara en llegar. Intermitencias en rojo y verde se colaban en la habitación, luces de algún bar insomne, como yo. En el suelo reposaba mi bombero pirómano que no dejaba de invitarme al onanismo. Me revolví entre las sábanas buscando el placer de las caricias. Cerré los ojos en las últimas contracciones y alcancé de nuevo la recompensa de la felicidad, breve pero intensa. Las manchas de humedad del techo me devolvieron a la realidad y mi figura, convertida en sombra proyectada a intervalos sobre la pared , me recordó que la soledad es mi única compañía.

Me vestí con ropa ligera y un abrigo, regalo de un exnovio. El pelo alborotado , los labios en carmesí y un cigarro a medio consumir. Sabía que la imagen de mujerzuela atraería alguno de los parroquianos del bar.

No había probado aún el gin tonic cuando un hombre trajeado se acercó. No hacen falta demasiadas palabras para convencer al convencido y las suyas, aunque carentes de gracia e ingenio, fueron suficientes para invitarle a terminar la noche en mi piso. Ni siquiera era guapo.

Mientras subíamos por la escalera y ajena a las palabras de aquel hombre, pensaba si lo que buscaba era alguien con quien compartir mi desbocada libido o tan sólo otra sombra en la pared.

Fue rápido, demasiado. Se desplomó a mi lado resoplando y encendió un cigarro con cara de felicidad. Dejó cien euros sobre la mesilla y se asomó a la ventana. El frío y la humillación me dejaron paralizada en la cama. Un guiño y un beso lanzado al aire fue su despedida .

Noviembre permanecía en el suelo y diciembre auguraba que la soledad no era mala compañía.

TIERNO….

Un chico y una chica: 
¿Estoy en tu corazón? 
– No. 
– ¿Soy parte de tu vida? 
– No.
– ¿Soy la persona que tú podrías amar ?
– No.
– Si yo me marchara tu llorarías?
– No. 
Entonces la chica sale corriendo, el chico la sigue y le dice: 
“No estás en mi corazón, eres mi corazón, no eres parte de mi vida, tú eres mi vida, si te marchas no lloraría…

Me moriría” 

LA MUERTE NO ES NADA

(Henry Scott Holland)

La muerte no es nada.

Sólo pasé al otro lado.
Es como si estuviera escondido en la habitación de al lado.
Siempre soy yo y tú siempre eres tú.
Lo que éramos antes el uno para el otro,
todavía lo seguimos siendo.
Llámame con el nombre que siempre me has dado,
el que te resulta familiar;
háblame de la misma manera.
que siempre has usado.
No cambies el tono de voz,
no tomes un aire solemne o triste.
Sigue riéndote de lo que nos hacía reír,
de esas pequeñas cosas que tanto nos gustaban
cuando estábamos juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí!
Mi nombre que sea  siempre la palabra familiar de antes,
dilo sin la mínima sombra o tristeza.
Nuestra vida conserva todo el significado
que siempre ha tenido,
es la misma que antes, hay una continuidad que no se rompe.
Por qué debería estar fuera de tus pensamientos y de tu mente,sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos, estoy en el otro lado,
justo a la vuelta de la esquina.
Tranquilo,todo está bien.
Encontrarás  mi corazón,
y en él hallarás  la ternura purificada.
Seca tus lágrimas y no llores si me amas.
Tu sonrisa es mi paz.

GARA Y JONAY. NUESTRO AMOR SERÁ LEYENDA.

(Isabel Casanova)

Desperté como cada mañana. Silencio. Así se repiten mis días, uno tras otro. Sin tener un motivo por el cual mi paso por esta vida tenga más sentido que el de una diminuta hormiga que observo como en perfecta línea recta camina hacia su diminuto hormiguero, acompañada de decenas de su misma especie que entiendo que son su familia, o compañeras de trabajo, y van esforzándose por introducir entre todas una migaja de pan que dobla su tamaño, y van entrando y saliendo. Trabajando sin descanso, un trabajo mecanizado, sin pausa, ir y venir. Y así será, imagino hasta el final de sus días. Y así será, imagino, mi vida, hasta el final de la mía.

Así fue la de mi padre, ese que me dio la vida. Trabajar, de sol a sol, hasta que un día, sin tiempo para decirle adiós, se le apagó la luz. Se fue para siempre.

Cuando nadie me ve, hay algo que me salva de mis propios pensamientos,  y es la música. La música acalla las voces de mi mente, esas que me ahogan. Esas que me recuerdan que todo puede cambiar, esas que me dicen: “Jonay, respira, que te quedo yo, y la música no se toca. La música no se va sin avisar, la música nunca dice adiós”.

Hoy he despertado, pero nunca imaginé que este día, a pesar de que su principio fuera una repetición a lo Jim Carrey en el “Show de Truman” iba a cambiar mi existencia, iba a revolucionar mi vida, iba a convertirse en un volcán en erupción.

Subí en el tren de las ocho. Un trayecto de media hora exacta que me dejaría en mi lugar de trabajo. Nada nuevo. Pero para mi sorpresa y como un golpe de suerte hoy encuentro un asiento vacío. Me dirijo hacia él y sin mirar atrás me siento. Incluso hasta me sorprendo sonriendo.

A mi lado una mujer, de piel tostada, pelo negro y ojos marrones. Tiene la melena recogida y sujeta con un bolígrafo de colores. Ella va leyendo y a su vez tiene unos cascos puestos, supongo que escuchando música. Levanta su mirada, y me pilla observándola. Se quita los cascos, cierra el libro y me pregunta mi nombre. – Me llamo Jonay- respondo algo avergonzado. Ella de forma inmediata me dice que se llama Gara, no para de sonreír.

Desde ese instante comenzamos a hablar, ella más que yo, hacía mucho tiempo que no tenía una conversación tan larga con nadie. Llegaba el final del trayecto. Y me parecía que todo iba de repente a cámara rápida, que estaba viviendo deprisa y nada lo podía solucionar, y yo quería que nosotros, en aquel tren, el tren de los momentos, durara para siempre.

Nos bajamos, y antes de despedirnos se sacó de su recogido improvisado el boli dejando caer su largo cabello negro, y me apuntó en la palma de mi mano su número de teléfono.

Vi como se alejaba por la estación. Y recordé esas películas románticas donde los protagonistas esperan ese  momento en el que se despiden y se sorprenden cuando se giran y se encuentran dirigiéndose esa última mirada. Ella se giró y yo me giré y me pregunté: – y, ¿si fuera ella?- ese pensamiento positivo por primera vez en años aunque dubitativo, me había llenado el día de motivos. Motivos por los que quizá sí que hubiera un sentido a todo este embolado que es la vida, motivos por los que quizá por el simple hecho de ilusionarme, la fila de hormigas cargando con migas de pan se convirtiera en un camino de rosas, quizá hubiera ahí fuera un universo de pequeñas cosas a parte de mi soledad y yo.

En el descanso para comer tuve el arrojo suficiente para enviarle un wasap. No me reconozco. Después de escribir y borrar demasiadas veces…

“Hola Gara, soy Jonay. Espero que estés teniendo un buen día. La charla en el tren esta mañana ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Aunque tendrías que estar completamente loca para aceptar, me gustaría verte.”

Vuelvo al trabajo, ahora el tiempo parece haberse detenido. Miro el móvil constantemente. Gara no ha leído mi mensaje.

Al volver a casa cogí el tren del mismo trayecto pero a la inversa. La busqué pero sin fortuna.

Y esa noche justo después de cenar suena el móvil, en la pantalla su nombre. Contesto, ella me dice que sí, que su locura es infinita, y que quiere verme. Esa misma noche.

Quedamos en esa cafetería donde sirven esas tartas de queso tan buenas, idea suya. Y nos pasamos horas hablando, riendo. Miradas cómplices, los dos, cogidos de la mano.

Yo le conté todo, cómo llevaba años sumido en una  crisis existencial, cómo hasta esa mañana para mí siempre es de noche, y cómo al conocerla había encontrado un motivo para creer en que había algo más.

Ella, tan vital, con esa energía que arrasaba con todo me miraba fijamente, y me dijo: – deja que te bese- .

Y así fue como comenzamos nuestra relación. De manera precipitada. Una mañana cualquiera, en un tren. Dos personas tan distintas pero que se enamoraron exponiendo el alma al aire, sin cortapisas.

Han pasado tres meses, y así, como decir sin andar diciendo le propongo a Gara que vivamos juntos.

Y ella, sin dudarlo salta sobre mí y me repite una y otra vez que sí.

Nuestra vida en común transcurre con normalidad. Y según pasa el tiempo con demasiada normalidad. Yo vuelvo a observar a las hormigas, me quedo absorto con mi música. Cojo el tren, voy al trabajo, cojo el tren vuelvo del trabajo.

Y una noche al volver a casa, entro y: – Ya estoy aquí- como llevo haciendo cada noche, ya que Gara suele llegar media hora antes que yo. Silencio. – ¿Gara?- levanto un poco la voz.

Voy a nuestra habitación, y encima de mi almohada una carta. Es de ella.

“Hola Jonay,

Esta carta que te escribo es una despedida. Hoy me iré antes de que llegues. Y me iré para siempre. Y es que no quiero morir en tu veneno. No quiero contagiarme de tu conformismo existencial. Del ir y venir. Del trabajar y volver de trabajar. De las cenas a las nueve sin lugar a la improvisación. Te lo agradezco pero no. Nosotros no hicimos un trato, nosotros nos enamoramos, y aquella noche pisamos un charquito de estrellas y no te importó cenar tarta a las once.

No te importó pedir que viviéramos juntos en tan solo tres meses. No sé si era la fuerza del corazón que te dio alas, y nunca olvidaré aquello que me diste.

Pero me estoy apagando. Yo necesito caminar juntos pisando fuerte, ¿pero es que no lo ves?

No puedo esperar a que regreses, por eso te escribo la carta, porque sé que si tú me miras, no tendré fuerzas. Y no pretendo que me perdones.

Sé que existe un lugar donde convergemos tú y yo, pero no es este ni es ahora.

Uno de los dos tenía que hacerlo, seremos libres.

Te quiero.

Gara “

Se ha ido. Me tiemblan las piernas. Dejo la carta donde mismo la encontré. Son casi las nueve. Tengo que cenar.

Pasados unos días cojo lápiz y papel y me siento a responder la carta de Gara.

“Hola Gara,

Amiga mía, no me pidas perdón. Tú no tienes la culpa. Si existiera el club de la verdad, tu carta está llena de ella, y el caso es que lo que fui es lo que soy, y cuando te conocí se me olvidó todo al verte.

No sé ser feliz, creo que me regocijo en mi infelicidad. O peor, soy feliz siendo infeliz.

Y era muy injusto decirte vente al más allá. Ese lugar oscuro reservado solo para unos pocos.

Quizá hubo un tiempo en el que me permití sentir felicidad y hoy te puedo decir que he sido ¡tan feliz contigo!, aunque fuera un segundo, un instante.

Quisiera ser diferente, pero me he convencido de que no voy a cambiar, o que no quiero hacerlo.

Pero lo diré, aunque lo diré bajito, tengo la sensación que aunque  efímero, nuestro amor será leyenda.

Te quiero.

Jonay”

EL OLOR DE LAS PIPAS

(Rocío Díaz Gómez)

Im dorique roma, o lo que es lo mismo, Mi querido, querido amor.

Con el paso del tiempo me distraje. Así es. Durante lo que parece un momento que en realidad ha durado algo más de 50 años, imagínate 50, no había vuelto a pensar en ello. No había vuelto ni a recordarlo. Lo que es la vida…

Esa misma vida que ha ido difuminando algunos de mis rasgos, como el candor en mi mirada, o la chispa de la espontaneidad… y que en cambio ha acentuado otros, me ha dibujado arrugas aquí o allá, me ha pintado oscuras manchas en las manos, ha esparcido finas pinceladas blancas por mi melena cobriza. Y si, ya lo ves, contesto a tu pregunta, me sigue apasionando la pintura, tanto como entonces, como hace 50 años.

Pero los años me han envejecido, como a todos, han llenado mi casa de hijos y nietos, y han ido escondiendo poco a poco, los recuerdos antiguos en blanco y negro, tras otros más nuevos a todo color. Pero ahora sé que seguían ahí, ahí detrás, callados, agazapaditos esperando su turno, aunque yo no hubiera vuelto a pensar en ellos…

Hasta el día que me encontré con aquel sobre apaisado entre mi correspondencia atrasada, medio escondido entre los habituales de bancos, centros comerciales y propagandas varias. ¿Sabes? hacía mucho tiempo que no me escribía nadie, por eso me extrañó aquella carta particular con el sobre abierto; recordé que mi hija me había comentado algo semanas atrás de una nota ilegible… la verdad es que no le habíamos dado ninguna importancia, ocupadas en ese momento en cuestiones cotidianas que acaparaban nuestra atención mas urgente. El pobre sobre, abandonado, se había ido quedando al final del bloque de correspondencia por revisar y fueron, lentamente, transcurriendo los días.

Pero aquel día miré de nuevo el remite, no tenía, extrañada volví sobre aquella caligrafía desconocida, pequeña y apretada, cuyos rasgos azules resaltaban sobre el papel de color crema, por cierto, pensé, de excelente calidad.

Saqué cuidadosamente la nota de su interior y leí:

Im darique gamia,

Ah dosapa totam poemti… ¿Moco tases? En riatagus chomu tever, euq em rastacom euq ah dosi de it. Et domam sim ñasse

Rop vorfa, macabús.

un sobe,

Masto.

No entendí nada, nada de nada, volví a releerla por segunda vez, esta vez más despacio, mucho más despacio, pero tampoco la entendí. Y estaba con ella aún entre las manos, cuando llegaron mi hija y su familia, y creo que más o menos fue así como pasó:

Hola mamá, ¿qué haces?

No sé hija, creo que nada en realidad. ¿Te acuerdas de aquella carta que me comentastes, aquella ilegible que no se entendía…?

Si, claro; ¿Todavía anda por aquí…? Tirala mamá, no te compliques la vida, sino se entiende nada…

Pues sí hija, la verdad es que llevo un rato con ella y no la entiendo, por más que la releo una y otra vez, no consigo aclararme…

En ese momento, entraron mis nietos a darme un beso…

Laho taliebue, ¿Moco tases?

Me quedé mirándolos sorprendida…

No les hagas caso mamá, ahora les ha dado por hablar del revés…

Al revés pensé, hablando al revés… eso es… y fue entonces Tomás, entonces, cuando hasta mí desde muy, muy lejos llegó un olor familiar, entrañable, maravilloso y mágico: el olor de las pipas…

¡Eso es! ¡está al revés! Dije por fin. Y entonces volviste a mi vida.

Mi querido, querido Tomás.

Sé que mis labios dibujaron una sonrisa, una sonrisa dulce y enorme, y mis ojos, si los vieras ahora, surcados de finas arrugas, por unos momentos dejaron de ver a mis nietos para ver a otros dos niños, más o menos de la misma altura, más o menos de la misma edad; ella, con el color de mis ojos y una mirada cándida; él pecoso y espigado. Ella, con su melena cobriza, larga y lisa hasta la cintura; él, tú, mi Tomás, otra vez sonriéndome pícaramente con las manos llenitas, llenitas de pipas… ¡Ay! aún tengo el corazón encogido…

Después acaricié con suavidad la carta y una vez más saqué con mucho cuidado la nota de su interior, y entonces, fui leyendo poco a poco, ordenando las palabras:

Mi querida amiga,

Ha pasado tanto tiempo… ¿Cómo estás?. Me gustaría mucho verte, que me contaras que ha sido de tí. Te mando mis señas.

Por favor, búscame.

Tomás.

Y el resto puedes imaginártelo, cogí papel y lápiz, y muy despacio, fui volviendo cada palabra del revés, del final al principio, dándole poquito a poco vuelta a la vida. Al principio me costaba mucho esfuerzo, habían sido muchos años sin entrenar, pero poco a poco, me fui animando, fue cogiendo carrerilla, y aquí me tienes…

Otra vez dando y dando vuelta a las palabras, poniendo mi vida patas arriba, volviéndola del revés para retomarla dónde nos distrajo, 50 años atrás, y pedirte de nuevo pipas mi querido Tomás:

Masto, gavén, medá nasu caspo. ¿ O es que otra vez, te las vas a comer todas sin mí…?

Fdo. Tusitala.

MI PRIMER ORGASMO MÚLTIPLE

(http://jardindelasbaladas.blogspot.com/)

Era un sábado por la noche que más parecía lunes por la mañana. Luego de un intento fallido de una salida con improvisada con GG (cuán diferente hubiera sido este post si nos pudiésemos haber visto), me encontraba mirando el techo de mi habitación presagiando lo que sería un encuentro amatorio conmigo mismo.

Luego de varios minutos concentrando mi mirada a la nada, no lo resistí. Tenía que salir de aquel claustro y hacer algo pronto. Me preparé para salir y fui al encuentro de algunos amigos, ya que a falta de una pareja por la noche, una botella de licor en buena compañía es casi (ojo, dije casi) igual de bueno.

Pero qué equivocado estaba. Llegando al punto de reunión, me di con la sorpresa que éramos pocos los que nos encontrábamos allí. En la casa de uno de ellos se estaba llevando a cabo una fiesta, digamos, muy “duro contra el muro” para mi gusto. El dueño de casa no podía salir porque tenía que cuidar su predio, amenazando a los críos que al primer disparo, se cancelaba la reunión.

¿Pero qué puede hacer un soltero solitario un sábado por la noche? Aclarando que este soltero no es de aquellos con enormes capacidades de ligue ni mucho menos poseedor de una labia extraordinaria. Mi único consuelo, el beber, se me había sido negado hasta ese momento. Mientras escuchaba las diarreas verbales de aquellos ritmos de moda, una llamada cambiaría el rumbo de la noche.

“¿Dónde estás?” se escuchaba al otro lado del teléfono, “…aquí donde el chato” respondí intentando descubrir su ubicación. Se escuchaba como si se encontrara en algún ambiente cerrado con música y comencé a deducir o bien era una discoteca (paso), un pub (puede ser) o un burdel (no sabe/no opina). Luego de sacarle la dirección a gritos, levanté la mirada como preguntando a los que me acompañaban “¿quién me acompaña?”. Un valiente dio un paso al frente acotando “Vamo’ pe”.

Diez minutos y un sol de pasaje después, nos encontramos frente al local. Se veía muy elegante para la zona por fuera pero por dentro, se veía mucho mejor. Mientras subíamos las escaleras vimos bajar a dos mujeres que no estaban del todo mal, pero tampoco del todo bien. La duda comenzaba a rondar en mi cabeza sobre si ingresaba o no, cuando me fijé que mi acompañante empezaba a acelerar el paso. “Ya estoy aquí, lo menos que puedo hacer es entrar” me dije mientras una elegante señorita (muy guapa por cierto) con un pronunciado escote, me daba la bienvenida y me invitaba a pasar.

El ambiente presentaba una luz ténue acompañada por una pista musical de fondo. Al fondo de la amplia sala, se erigía una surtida barra de licores donde un bartender preparaba unos éxoticos tragos. Parados cerca a la puerta, intentamos ubicar al que nos había extendido la invitación. Lo encontramos junto a otro compañero de innumerables batallas, rodeado por dos pares de mujeres que se mostraban muy animadas.

Saludos van, saludos vienen y nos juntamos alrededor de una pequeña mesa. Al otro extremo, una pareja se entregaban mutuamente en un abrazo interminable, besándose apasionadamente al ritmo de una balada de José José. La iluminación cambió de pronto y otra pista musical se empezó a escuchar. Era mi primera vez en ese lugar y aún desconocía qué era lo que me deparaba la noche.

En medio de la conversación con el grupo, una mujer con unos penetrantes ojos verdes y otro pronunciado escote se presentaba. “Soy Claudia” me dijo mientras me perdía observando aquel par de esmeraldas en su mirada. Sonriendo me acercó un catálogo prometiendo volver cuando me encontrara listo para hacerle saber mi elección.

Mientras leía muy atento los nombres que se encontraban dentro de aquel catálogo, no podía evitar el observar detenidamente cada una de las descripciones que los acompañaban. Cuando me decidí finalmente en elegir uno, tomé especial cuidado en fijarme en su precio: estaba dentro de mi presupuesto, además su nombre me causó mucha curiosidad.

Claudia se acercó silenciosamente por un costado y me habló al oído. De la misma manera le respondí señalándole mi pedido en la página del catálogo. No pude evitar mirar dentro de su escote mientras ella me describía las características especiales de mi elección. Una vez cerrada la transacción, se excusó y se perdió através de una cortina de nicotina que se dibujó de pronto entre los dos, prometiendo volver en minutos.

Cigarrillo y medio después, Claudia cumplió con su promesa trayéndome lo que pedí. Confieso que su nombre me había intrigado y me preguntaba como sería realmente, duda que se disipó en el primer instante en que se presentó ante mí. Impaciente, posé mis labios y empecé a degustar lentamente su sabor, tenía buen cuerpo y su dulce aroma cautivaba a mis compañeros de mesa.

Cerré mis ojos e intenté descubrir cuál era el secreto detrás de esta maravilla. Pude reconocer algunos aromas familiares, mientras cataba aquel delicioso néctar que tan pacientemente me ofrecía. Me sentí completamente extasiado, era mi primer orgasmo y como lo prometía la descripción, no fue solo uno sino varios.

A medida que pasaba el tiempo, me entregué a la tarea de descubrir lo que estaba detrás de toda esta maravilla. Mi cigarrillo se consumía poco a poco en el cenicero junto a mi copa, agonizando lentamente mientras me encontraba degustando tan ansiada y costosa delicia. Era pequeña, pero se dejaba tomar fácilmente. No hay que dejarse engañar por aquellas que parecen ser una cosa, pero terminan resultando otras.

Ya casi al final de la noche y media cajetilla después, me topé con una dulce sorpresa. En su parte inferior, yacía un bocadillo capaz de empalagar al más diabético. Tentadoramente me veía mientras pensaba la manera cómo me la comería. Decidí por tomarla por la parte de arriba mientras la mordía lentamente por abajo, intentando rodearla con mi lengua.

Encendí un cigarrillo al final de mi faena. Hacía bastante tiempo desde la última vez que probé algo tan delicioso, tan rico. Admito que me pareció una experiencia muy corta, pero que sin duda espero repetir en la posteridad. Al final, mi elección cumplió lo que me prometió: un Orgasmo Múltiple. Creo que fueron cinco o seis los que sentí, dentro de mi boca sintiendo como mis papilas gustativas se revolcaban de placer con aquel sabor achocolatado, aquella perfecta fusión de Baileys, Amareto, Kalhua, Frangelico y Vodka.

Y la cereza en la punta de aquel pastel fue precisamente, una cereza que devoré lentamente al finalizar mi Orgasmo. Claudia se acercó con la cuenta y me preguntó qué tal le había parecido su servicio. “Excelente” fue lo único que atiné a decir, mientras sostenía un cigarrillo en mis labios que ella amablemente se ofrecía a encender.

Aquel fue mi primer Orgasmo Múltiple, un delicioso cocktail de sabores que separados de por si son buenos, pero juntos son dinamita. Salimos del lugar, no sin antes entonar una canción ochentera casi virginal de la vieja (pero buenísima aún) Madonna. Nos incorporamos lentamente entre risas y comentarios graciosos, acompañados de buena música y nicotina.

Claudia nos observaba desde la mesa contigua, con esos hermosos ojos verdes capaces de detener el tiempo en una habitación y poseerla de manera espectacular. Espero pronto regresar y pedir nuevamente otro Orgamos Múltiple, pero que provenga de ella. Mientras tanto, me retiro del Karaoke sabiendo que existe un sinfin de bebidas que me faltan por probar y que mi viaje por los senderos del alcohol, dista mucho por terminar.

¡A tu salud, Claudia, gracias por tu delicioso Orgasmo!

 

ALÓ??
(Abel Mendoza Pino)
Hola, ya no amor de mi vida:
Sólo te saludaba para despedirme y agradecerte por todo este tiempo de duro crecimiento emocional…
Sí… sí. Mi vida ahora será más plena, más cuidada y tendré más tranquilidad en el alma, aunque tenga menos lugares a dónde ir, menos canciones que escuchar, y menos fotos que tomar.
Qué extrañaré?… Pues… las malas noches que pasaba mirando tu rostro dormir, tus abrazos repentinos a mitad de un mal sueño, tus manos jabonosas en mi espalda, la frescura de tu semi-desnudez paseando por toda mi casa, los besos que me pedías y que me robabas, las veces que prefería tu piel a mis pasatiempos
o incluso mi trabajo. 
Qué más?… Extrañaré hacer caminatas largas a altas horas de la noche sólo para complacer tus antojos… (Risas) Sí, eso también, de hecho. El hacer gastos enormes en una sola cena y luego estar preguntándonos qué comeremos al día siguiente y a pesar de todo reírnos de ello. 
Vaya que sí… (Suspiro) Extrañaré tu esencia, esa que se apoderaba de toda mi vida, de mis cosas y de mis oídos cuando ponías la música que te gustaba para los dos sin pensar en si me gustaría o no… ehm… tu libertad, esa que me hizo verte tan no mía y a la vez tan enamorado de ti. Ah! Extrañaré tus atrevimientos, tus “te odio” y “bésame” inmediatos. Extrañaré que no me escuches, aunque nunca lo hiciste… Extrañaré tu forma de estar bien (3, 2, 1.. superado!), te acuerdas?… 
Pues, no lo había pensado… pero ahora que lo preguntas… lo que más voy a extrañar es el amor que esperaba recibir de ti, el que no llegó o que no era como pensé, y que aún así me mantuvo a tu lado esperando, viendo en ti todo lo mejor y dejando a un lado o comprendiendo lo peor.
Sí, también sé que extrañaré no tener la mente intranquila los fines de semana, pensar en qué estarás haciendo, si lo hiciste de nuevo o no. Si estamos bien, si me extrañas o te diviertes más sin mí. Extrañaré volver a encontrarte a la semana siguiente y que me digas con carita de niña pícara tus “oops” por las travesuras que tratabas de ocultarme y que dejé pasar aunque no era lo mejor hacerlo.. y ahora (tarde) comprendo.
En serio quieres saber qué odiaré?… Bueno… Odiaré no tener motivos para extrañar más eso… odiaré no ser yo porque ya soy otro. Odiaré esperar el día en que me cuentes o me entere de que alguien te hizo mucho daño porque no supo comprender tu juventud, inexperiencia y descontrol, porque no supo amarte como yo…
De hecho… odiaré haber renunciado a ti por merecer algo mejor. Es cierto, ambos crecimos muy distinto, pero eso no nos obliga a soportarnos por más amor que digamos tenernos, lamento haber entendido tan tarde que no necesitaba entenderte, y entender ahora que no es lo mejor estar juntos… (Ruidos al fondo)
…mejor me voy, me llama mi nueva vida… (Cuelga)

DESPEDIDA CON AROMA A CAFÉ

(Rossana Martín-Azuaga)

“Verás, a mí lo que me va es tumbarte en el suelo
para decir con la mirada lo que con mi voz no puedo”

(Cosas que suenan a… de “Maldita Nerea”)

Querido Tú, 

Esto se aproxima a su fin y ambos lo sabemos. Te he citado para tomar ese café del que me has hablado tanto. Nuestra cita no tiene fechas ni horarios porque tú no tienes huecos disponibles en la agenda. 

He pasado de ser una actriz secundaria a ser un extra que no tiene ni una sola frase en tu película. Y me duele, porque no sé cómo contarte cómo me siento. Poco a poco has ido construyendo una trinchera con los recuerdos de lo que fuimos el uno para el otro y estableciendo una barrera de citas que nunca llegan a consumarse… 

No es rabia lo que siento, no son reproches lo que te digo. Mi sentimiento mezcla la tristeza con la desazón. Por eso, en esa cita con aroma a café que aún no hemos concretado, pienso decirte que me voy de tu vida, que me bajo en la próxima estación para que sigas sin mí hasta donde el tiempo te deje llegar. 

Pienso decirte que aunque aún te quiero, porque el amor y el desamor no desaparecen de un día para otro, te dejo. Tal vez ahora empieces a darte cuenta de que no me necesitas, pero no has tendio el valor para dar este paso. 

¿Recuerdas cuántas veces nos hemos visto en el último año?¿Y cuántas nos hemos besado? Se pueden contar con los dedos de una mano y aún sobran. Duele, Amor, eso duele…

Por eso deseo irme pronto. Porque estoy escuchando una canción de Maldita Nerea que en una frase resume lo que te echo de menos…

Espero que pronto tengamos esa cita. No necesito más de diez minutos para darte la noticia. Cuando encuentres esos diez minutos en tu castigada agenda, dímelo ¿vale? Creo que empezaré a odiar ese café del que tanto me hablas porque todas las tristezas de mi vida, a partir de ese momento tendrán su aroma. 

Cuídate. 

 

LOS AMANTES

(http://soloparalocos-juanma.blogspot.com/)

Los amantes no despiertan en el pasado ni sueñan con el futuro. Saben que la vida está ahí, a la vuelta de laesquina, en la próxima hoja del calendario, en el halo de luz de las estrellas fugaces. Víctimas de una extraña fuerza que los imanta hacia la penumbra;, apasionados, jadeantes y sonámbulos de amnesia.
Los amantes no pierden el tiempo haciendo planes. Tienen la virtud de estar ahí siempre para el otro. Esa certeza existe, en parte, porque ya probaron antes a ejercer la gravedad inversa; a desimantarse, a desprenderse, a desenredarse. Aunque son conscientes de que no siempre es posible. Intentan no pedirse nunca nada. O casi nada, que pese a que parece lo mismo, no es igual. Entreabren la boca con timidez para susurrar un beso al labio amado, que también reclama su caricia. Escapan siempre de todos los sitios sin huir jamás de ninguno, y nadie sabe cómo lo consiguen.
Los amantes suelen ser perversos. Tanto que ni siquiera les persiguen ni duelen las culpas. Y sin embargo, en algún recóndito rincón de su perversión, una especie de ternura compartida conmueve a los que encuentran a su paso. Cuando llegan a los restaurantes, las mesas parecen desocuparse justo en los rincones menos concurridos, los camareros aparecen con sus sillas más cómodas y, antes de batirse en retirada, bajan la intensidad de la luz de las lámparas para dejarlos en la intimidad de sus bailes, sus rasguños y sus arrullos. En su cercanía, el universo se contrae, como si el olor de las hormonas cruzara las aceras de las calles antes que ellos atrayendo el deseo de los demás, como una respuesta a la propia pregunta de su deseo mutuo. Las mujeres miran a los amantes y se imaginan siempre en el lugar de ella. Intentan herirla a pestañazos, al tiempo que atraen a él con sus cuerpos hermosos y apenas contenidos. Los hombres los maldicen en silencio y tratan de competir con él en una especie de desafío en el que trataran de probarse a sí mismos. Pero cuando los encuentran juntos, regalándose las retinas, desnudándose con la mirada y descifrándose acertijos y enigmas, guardan sus reproches y vuelven cabizbajos sobre sus pasos.
Los amantes no se engañan ni mienten con falsas promesas. Son sinceros a su modo. No reclaman contratos de posesión ni pertenencia. Saben que el fuerte vínculo que los une discurre sigilosamente por el subsuelo de la ciudad. Son auras invisibles, como los  frágiles espectros de la vida y de la muerte. Permanecen despiertos noches enteras atravesando los sueños de las personas solitarias,  ocultándose entre sus sábanas, hasta que en alguna mente despistada e incauta se encuentran de nuevo y se aman. Se han desgarrado en jirones la piel en todos los rincones del universo sin apenas moverse de la cama, coincidiendo en las agujas del reloj del tiempo. El mago y la emperatriz, el loco y la rueda de la fortuna, escapados del tarot, caminando por su reino inaccesible.
En sus besos tienen siempre un cierto sabor añejo y ajeno. Beben de distintas botellas en la misma copa, se dibujan signos de alfabetos secretos con las manos. Nómadas sin hogar fijo, desesperados en su eterna fuga, todos aquellos que han querido interponerse entre ellos todavía se lamen las heridas. Siempre a solas, se desenmascaran, y en ese secreto al descubierto son tan resplandecientes que eclipsan hasta la misma luna llena.

CAMILA Y DANIEL

(Benjamín Griss)

Era momento de que aquellas almas que habían regresado ascendieran de nuevo a donde vinieron.
—No te vayas otra vez, por favor. No lo hagas. —Suplicó Camila, mientras su maquillaje se corría de sus ojos—.
—Es tiempo de volver, sabías desde un principio que esto pasaría.
Daniel llevó sus manos y las puso sobre su rostro.
—Prosiguió— Esto es algo pasajero, tienes que aprender a vivir por encima de mí, por encima de cualquier situación. Ni por mí, ni por otra persona; lo tienes que hacer por ti. Cada quien tiene un final, ya sea desastroso o no, pero lo tiene escrito en su libro de vida. No sé cómo será tu final, pero estaré suplicando porque sea una muerte digna. Tranquila, esto pasará.
—Yo te voy a echar de menos, voy a sepultarte otra vez. ¿Cómo quieres que no me ponga así? Si volverás a irte y yo me quedaré aquí, sola… vacía. Yo quiero irme contigo. No quiero volver a hablar de ti en tiempo pasado.
—Vamos, Camila. Yo no soy tu final, fui el principio de algo en tu vida. Y lo que menos quiero es tener que ser el final de tu vida. Promete una cosa.
—Dime, pero no estoy segura de cumplir con lo que me pidas, de una forma u otra, sé lo que vas a pedirme. Te conozco hasta las líneas que tienes trazadas en tus manos.
—Tienes que prometérmelo, por favor. No puedo irme de este lugar con esta angustia, sabiendo que te vas a dedicar a ser infeliz por toda tu existencia. Promete que vas a dedicarte a ser feliz. Que vas a formar una familia muy extensa y que verás sonreír a tus nietos. Como los planes que un día hicimos tú y yo. Sólo que ahora la única que tiene en sus manos la posibilidad de lograrlos eres tú.
Daniel sabía que ya le quedaba poco tiempo antes de que terminara definitivamente su estancia en la Tierra. —Anda, prométemelo. Ya no tengo tiempo—.
—No te lo prometo, voy a intentarlo. Esto va a ser muy duro.
Sus manos se entrelazaron, por un instante fueron uno solo. Luego se besaron y ese beso fue lo que terminó de derrumbar la pieza que faltaba derrumbarse. El alma de Daniel y el alma de todos los que habían vuelto comenzaron a ascender. Finalmente todo quedó por unos segundos en silencio absoluto. Sólo se escuchaba cómo el viento fluía. Una lluvia de lágrimas se escuchó aquella noche.

SILENCIO

(Dani G. García)

Te hablo a ti, silencio, porque solo tú escuchas si callo. Bebo de tu vacío, al morir de sed por lo que no dije, y desanudas la soga de aquellas palabras que nunca debí confesar. Porque ahogan.

Pídele al mundo que pare, que respete el murmullo del viento mientras modera los debates secretos de las hojas en los árboles. O mejor aún, enmudécelo todo, por favor. No quiero oír nada por miedo a que me escuchen. Sé implacable, te lo pido.

Vuelve a mí, silencio. Regálame tu voz, y las de aquellos que ya han hablado demasiado. Plásmalas todas en aquel libro negro de páginas en blanco, escritas con tinta invisible. Donde viven aturullados los relatos de alguien que un día impregnó de consonantes unos espacios reservados para las vocales.

Otórgame el don de tus virtudes, porque necesito asumir cada uno de mis defectos. Conociéndote, conociéndome, lograré entender a los demás cuando reclamen tu presencia.

[Te miro]

Hoy bailo, abrazando a la soledad con las melodías del silencio. Inmortalizadas, a través de notas que no existen, en pentagramas verticales que únicamente yo puedo interpretar. Te pido que respetes la música, con su paz, nacida a partir de la revolución orquestada por mi calma.

Déjame morir un poco en silencio, sin tiempo, sin reglas, sin caminos ya trazados, sin nadie más que yo. Solo así tendremos una posibilidad de construir un nosotros.

MARCOS

(Rafa Martín)

(https://www.facebook.com/rafamartyn/)

—¿Fuma usted? Le puedo ofrecer un cigarrillo. Me he tomado la libertad de pedirla un café.

—No. Aquí no se puede fumar. Le van a echar del local. Y gracias por el café.

— Tranquila. Me tienen en buena estima. Hacen una excepción conmigo. El jefe es buen lector y le gusta lo que escribo. Sabe que si me quita de aquí no verá más páginas.

—¿Escribe?… Vaya. No sabía nada. Bueno… A lo que iba. Ya que me ha pedido que me siente se lo digo. Me gustaría que… A ver. Como vecina que vive debajo de usted. No sé como seguir.

– Algo le molesta. ¿Voy bien?

— Eso es. El caso es que le veo educado y que me escucha. Parece que incluso no es usted la misma persona que por las noches… Por las noches hace esos…

—¿Ruidos?

— Exacto. Mire. La vida de cada uno me da igual. No sé si tiene pareja o un harem pero lo que yo quiero es dormir. Y resulta que casi todas las noches su parejita, o esposa o amigas o lo que sea, pues gritan cuando… Ya me entiende…

—La entiendo. Osea que le molesta escuchar a mis chicas mientras tienen sexo conmigo.

—Creo que vamos avanzando. Lento pero avanzamos. ¿Ha dicho chicas? Santo dios… ¿Con cuantas mujeres se está usted..? No. No me haga caso. No es asunto mio.

— No me molesta que me lo pregunte. Pero en cuando a los sonidos… Pues si. Intentaremos hacer menos ruido…Pero solo lo intentaremos. Aunque cuando se está en esos quehaceres uno no piensa en bajar el volumen.

—Eso es mentira. Cuando yo estaba casada estaba pendiente de esas cosas. Intentaba no gritar mucho para no despertar a los vecinos. Y por la vergüenza claro.

—… Por los vecinos y por la vergüenza.

— Si. Eso he dicho. Hay que pensar en los demás.

— ¿Y usted cree que pensando en no hacer ruido está follando con todo su ser? ¿Qué es follar si no liberarse completamente de ataduras y prejuicios? ¿Cuándo podemos gritar de placer extremo a lo largo del dia sintiéndonos como pájaros entre las nubes? ¿No será la cama el único lugar que nos queda para explotar entre fuegos artificiales y soltar lo que callamos durante el día?

—Hombre… Visto así… Yo me divorcié hace dos años pero cuando vivía con mi ex el sexo era normal. No dábamos escándalos.

—El sexo era normal. ¿De verdad ve normal tener sexo… normal?

—Me está liando. Hacíamos lo que hace todo el mundo… Pero sin molestar.

—Yo creo que el sexo no debe ser normal. Debe ser una locura y dejarte extasiado. Normal es beber un vaso de agua. Mear. Limpiar una mesa. Contar un chiste. Ponerse un zapato. Follar no. Si se hace bien debería quedar el mundo en una jodida esquina y nosotros dos ardiendo sobre sábanas de fuego. Los gritos son la banda sonora de una película de aventuras… Si no hay gritos. Es ver Indiana Jones sin sonido.

— Indiana Jones… Ya veo que escribe ya. Pues señor mío, yo folla… Bueno. Que hacía el amor con mi marido muy bien. Pero sin ruiditos. A mi nunca me llamaron la atención.

—Creo que no tuvo la pareja correcta.

—Eso seguro. Por eso me separé… Un momento. Me está liando otra vez. ¿Piensa que si hubiera tenido otra pareja el sexo habría sido mejor? ¿Qué necesito un hombre como… Usted? Valiente fantasma.

—Yo no he dicho eso. Pero bueno. Vamos a lo que vamos. Intentaremos follar con menos ruido. Pero ya le digo que seguramente en unos días me iré del piso. Yo no aguanto en una casa donde no soy libre.

—¿Qué se va a ir porque le digo que haga menos ruido por las noches? ¿Se cree que donde vaya a vivir no tendrá el mismo problema? Todos necesitamos descansar.

—Yo solo le digo que esos momentos de libertad no los voy a perder. Me iré si molesto.

—¿De verdad está acostadose con varias mujeres? Es usted un sátiro. ¿Y esas mujeres son…? Bueno. Me callo.

—¡Jajajajaja!… Me gusta ese nombre. No son putas, si es lo que iba a decir. Son mujeres que solo quieren sexo. Nada más. No tengo pareja estable. Ni la busco.

—Hombres. Sois todos iguales. Unos guarros. Me tengo que ir. Gracias por el café. Y en cuanto a eso.. Ya sabe. Haga lo que quiera. O se va o se queda pero sin… Ruidos.

—Bien. Es una pena porque creo que es usted muy atractiva. Quizás podría hacerla partícipe de esos sonidos liberadores…

—La madre que… Es un bicho. Buenas tardes.

—Esta noche estoy solo. La invito a una copa en mi casa. Quizás cambie de opinión.

—¿Usted no se detiene nunca?

—Si. Cuando llegó a la meta.

—No me mire así.

—¿Así? ¿Cómo la miro?

— Así. Como que desea… Comerme. No soy idiota. Se cree que por tener esos ojos…

—Pasese esta noche y le prometo que no pasará nada. Dejaremos la puerta de la calle abierta. ¿Que música le gusta?

—Nada bueno. Ah.. Me gusta el jazz.

—Bien. Tengo varios discos de Miles. Su primera época es la mejor.

—¿Entiende de..? ¿Y que libros tiene?

—Pasese y los verá. Algunos son muy raros.

—Es increíble. Ya veo que no deja un flanco libre por donde atacar. Está bien. Es mu pesao pero vale. ¿Sobre las diez le viene bien? ¿No estará ninguna de sus… Amigas?

—No. Tranquila. Me gustaría conocerla mejor. A lo mejor cambian mis ideas.

—¿Qué ideas?

—Luego le cuento.

— No deje más hilo que ya no le hace falta. Esta noche a las diez. Buenas tardes.

— Buenas tardes…

 21: 45 H

 

Intenté aguantar hasta las diez. La hora fijada. Pero no. El hecho de tenerlo debajo de mi piso era como una llamada a voces. No tenía motivo para esperar hasta las diez si a las ocho ya quería estar allí…

— ¡Hola! Has llegado antes de la hora. ¿Cómo me tengo que tomar eso?

— De ninguna manera. Simplemente ya no tenía nada que hacer en casa. Recuerda que vivo encima de ti. Y a todo esto… No me has dicho tu nombre. Soy Bianca. Veo que ya nos hablamos de tú.

—Cierto. Bonito nombre acorde con tu rostro. Me llamo Marcos.

— ¿No esperarás que te diga algo del tuyo no?. No está mal. Demasiado simple para lo que fornicas.

(Pero que bocas soy…)

— Hago lo que me dejan hacer. ¿Me imaginabas con otro nombre?

(Empotrador)

— Quizás alguno más legendario. Si. Un diablo. Un sátiro como te dije esta tarde. ¡Jajajajaja!

— Caray. Pasa. ¿Has cenado?

— Pues no… Esperaba tomar algo y ver algunos libros y discos y ya está. Tampoco creo que haga falta mucho tiempo más. Tengo mi casa para comer.

(Mentirosa nivel premium. No tenía cena)

— Todo necesita su tiempo. Ya que estás aquí te quedas a cenar. He preparado para dos. Me he arriesgado pero creo que mientes. Pienso que tu idea era quedarte más tiempo del que dicen tus palabras. Sientes mucha curiosidad por mi. Y eso se nota.

(La madre que lo…)

—Eres demasiado pretencioso. Pero lo que me da rabia es que es cierto. Me atraes y me gustaría que me contaras más cosas de ti, señorito Marcos. Hummm… La casa es sencilla. Veo que te gusta el cine clásico. Ese póster es de.. ¿Que película? Está en inglés el título.

—Sed de mal. De mis favoritas de Orson Welles. El cine actual me aburre, salvo honrosas excepciones.

— Ni idea de la peli. Pero ese título te va al dedillo.

— No soy mala persona. Siéntate y luego te enseño los libros… ¿Te gusta el vino?

—Claro. Pon poquito. No quiero acabar piripi y que te aproveches de mi…

(¿Piripi?… Que vergüenza. No sé cómo me salió eso…)

—Piripi. Hace años que no escucho esa definición. Y creo que se la oí a alguna tía mía… ¡Jajajajaja! No pienso emborracharte. Me gustas sobria. ¿Me equivoco o te has maquillado… Para bajar al piso de abajo? Esta tarde no estabas así.

— Vamos a dejarlo. Una tiene una edad y hay que tapar cosas.

— ¿Qué cosas?

(¡Que cosas, que cosas!..)

— ¿Qué cosas van a ser? Las arrugas tontino.

— Pues estás muy bien para la edad que tienes. Creo que no pasas de 40. Incluso estabas mejor esta tarde sin maquillaje.

— Estás entrando en terreno peligroso forastero. Pero por esos puntos de menos que me das te lo permito. Tengo 46.

— Increíble. Dos más que yo. ¿Y que pasó para terminar con aquella relación?

— Supongo que lo que pasa con todas. La rutina, el cansancio, las espectativas… Las discusiones. Eramos demasiado diferentes para durar mucho tiempo. Aguantamos seis años. Y menos mal que no llegaron los niños. ¿Y tú qué? ¿Solo follas sin complicaciones?

— También he tenido relaciones de mucho tiempo. Ahora solo disfruto. En cuando veo problemas cambio de carril. He abandonado la búsqueda de la pareja ideal. Ya solo me lo paso bien.

Inevitable mirarle mientras hablaba. No estaba gordo ni flaco ni era un adonis. Pero algo emitía el dichoso Marcos. Era inexplicable, pero no podía detener mis ojos mientras recorrían su imagen mientras eliminaban aquella camisa blanca y los vaqueros. Le veía desnudo y no lo entendía… Bueno si lo entendía.. Hacía tanto que…

— Te lo pasas bien. No lo dudo. ¿Y tus chicas..? Digo.. ¿ellas saben de la existencia de las demás..? ¿O eres un golfo con todas las de la ley?

— Todas saben que solo busco sexo. Y que hoy estoy con una y mañana con otra. No me gusta ninguna para más de dos días sin la cama de por medio. Eso es grave si uno busca algo serio. Afortunadamente ya he pasado esa fase.

— Si. Eso es grave. Pero no te veo muy dolido. ¿Es Miles Davies lo que suena no?

— Si.

— ¿Puedo saber a qué te dedicas? Aparte de escribir en la cafetería y… Bueno.. Y eso otro…

— Soy informático pero trabajo desde casa. Normalmente por las tardes estoy ocupado. Por las mañanas hago otras cosas… Aparte de escribir.

— Entonces estoy salvada. Es de noche.

—Por las noches, cuando me dejan, inicio los trabajos para terminarlos por la mañana.

— ¿Qué trabajos?

—…

(Entonces apareció aquella sonrisa. Si. AQUELLA sonrisa que hacía cosquillas. ¿Cómo era posible eso? Pues lo era. Sólo que la que se reía no era yo. Era mi entrepierna…

— Vale. Me callo. Huele muy bien… Digo que hueles. Supongo que es tu perfume… ¿Cual es?

— Blue de Channel.

— Pues es muy… Jo. Me encanta.

— Cumple su función.

— Y cuál es. ¿Atraer mujeres? De nada sirve oler bien si no gustas por otros motivos.

— Cierto. ¿Te gusto por otros motivos Bianca?

(Hijoputa… Porque deseaba tenerlo encima… Básicamente)

— Bueno. Me caes bien y eso. Pero un tipo que se cepilla a una detrás de otra no me es atractivo. No estoy aquí por eso…

— ¿Ah no? ¿Y porqué estás aquí?

—…

(Sin palabras. Volvió a dejarme en blanco mientras comíamos. ¿Porqué me había metido en la casa ajena de un tipo que no me dejaba dormir por sus ruidos follando a diferentes mujeres? En teoría ya habíamos hablado sobre eso y no había más que decir. ¿O si?)

— La verdad es que no se me da bien mantener conversaciones con mujeres interesantes o que me digan algo. He perdido práctica. No quiero decir que las demás no tengan nada que decir. Cada uno es como es pero… No sé. Es el simple hecho de verte moverte me fascina. Y tu voz… Tienes algo.

— A mi no me la das. Eso se lo dirás a todas… A todas esas que te cepillas.

— Pues no. A esas no les digo nada de eso. No solemos hablar mucho. Vienen y se van. En el momento en que alguna quiere algo más serio corto.

— ¿De qué tienes miedo?

— No tengo miedo de nada. Solo que no quiero equivocarme. Así que decido que solo quiero una parte de la relación. No las dos.

— ¿Nunca sientes nada por esas chicas? Digo algo… Especial. Algo que no sea sexual…

— No. Eso no me ha pasado nunca desde que corté con mi ex hace tres años. No me ha pasado con las que me acuesto ni con las que no me acuesto. Hasta ahora…

— ¿Eh? (Bingo!)

— Bianca. Te puedes ir cuando te apetezca pero… Me atraes. Y no me refiero solo sexualmente. He intentado ser más básico y borrar lo que se me pasa por la cabeza pero no puedo. Así que eres libre para irte. Pero si te quedas estás alimentando algo sin ser consciente. No es malo pero… No sé tampoco si es bueno…

— Me cuesta creer algo así.

— ¿Te gustaría que fuera cierto?

— Vale. A ver que te contesto ahora. No lo sé. Déjame pensar. No. Mejor no te contesto. ¿Me enseñas esos libros?

— Claro. Ven.

Nos levantamos y me llevó a su dormitorio. Así. Directamente sin pasar por los preliminares. Bueno no. El caso es que Marcos tenía varias estanterías con libros frente a su cama. En el estudio me dijo que estaban los que menos le importaban o más sencillos. En el dormitorio siempre acaban sus favoritos… O favoritas.. (Eso lo pensé yo)
Miraba entre aquellos lomos los títulos y me parecía que no iba a acabar nunca de encontrar algún libro interesante allí. Los autores pasaban de clásicos como Dickens a actuales como Paul Auster, de Poe a Neruda, de Galdós a Stephen King…

— Vaya. Te gustan muchos estilos. Paul Auster me encanta. Es de mis favoritos. ¿Has leído a Nick Hornby?

— Miralo. Ahí tienes uno. También es muy bueno.

— Anda. ¿Y de lo que tú escribes no me enseñas nada?

—¿Lo ves como tu eres diferente? Ninguna me pregunta nunca eso. Mira. No he publicado nada aún. Este es un primer borrador del libro en el que estoy metido. No quiero que sea muy largo y pesado.. Pero si que sea… Intenso.

—Intenso… Me gusta. ¿De que va?… A ver el título…. «Bruma del Norte»… Hummm…

—Es una historia medieval. Un soldado del Rey acaba perdido donde no debe…no te digo más para que lo leas. El principio es muy básico para introducir en escena a los personajes. Más adelante pasan cosas como está…

Le tenía a menos de quince centímetros de mi. Su olor era tan intenso como lo que había escrito. Estaba segura de ello. Entonces sus dedos pasaron rápidamente las páginas buscando algunas en especial. Y si, allí estaban. En cuanto apartó la mano aquel texto se me juntó en mi cabeza a trompicones. Había cierta escena donde aparecían palabras que no solía decir yo, si acaso pensarlas… Allí estaban vestidas como palabras educadas sin serlo…«Polla erecta, coño humedo, lamer con lujuria mi clítoris, Culo listo para desfondar, lenguas que buscaban ávidas el ansioso pezón… «

—¡Madre de dios! ¿Estas cosas escribes?

— Si… Entre otras… No todo el libro va de eso. Pero le da.. Vidilla.

— Ya ya… Vidilla tiene seguro. ¿No hace mucho calor aquí?

—No. ¿Estás bien?

— Si si… Pero me siento.. Creo que debería irme. Quizás la comida… No sé… No digo que estuviera mala la pasta no. Es que eres muy…

— ¿Muy qué?

— Me voy Marcos. Otro día nos vemos. ¿Te importa?

— No. Claro que no. Lo que te apetezca. Te acompaño a la puerta.

Esencialmente me hacía popó encima. Estaba tan caliente que sabiendo que no iba a pasar nada y yo no iba a intentarlo por supuesto, pues decidí que lo mejor era largarse. Marcos era encantador, claro que si, pero había algo más en el, algo que me atraía y no parecía ser capaz de contenerme. Y yo, que siempre me contenía, pues esa noche era una más. Mejor pasar al baño de mi casita de caramelo y hacer trabajos manuales que seguir allí. Estaba confusa. Y odiaba estar confusa. Las dudas me hacían huir. 
El llegó a la puerta antes que yo y la abrió. Y esta es la parte que lo decide todo. No abrió la puerta completamente, que habría sido lo normal. El cabrón solo la abrió ligeramente. Había como unos veinte centímetros de apertura, insuficientes para pasar yo y mi culo, así que al apartarse el no me quedó más remedio que avanzar mi mano hasta la puerta. Unos segundos. Dos quizás. Allí se quedó mi brazo en el aire esperando algo. Era tan sencillo como coger la puerta semiabierta y abrirla completamente… O empujar con la mano hacia adelante, es decir, cerrar la puerta… Y quedarme dentro…

Adivinen…

Supongo que la Bianca con cabeza estaría pensando en Paul Auster, en libros, en aquel póster de Sed de mal, en el delicioso vino… Yo que mierdas sé… Pero había otra Bianca que no era la que tenía eso en mente. Esa cabrona deseaba ser follada por aquel lujurioso Marcos. Que cojones. Ya sabía que era una más para el. Eso pensaba. Si acaso se podía hablar más conmigo pero no era una tía buena ni por asomo,aunque el decía que no estaba mal.. Y da la casualidad que esa Bianca manejaba su propio brazo… Pues eso. Que cerré la puerta. 
Marcos me miró como esperando alguna explicación a ese cierre. Y en cuando se fijó en cómo me mordía ligeramente mi labio inferior… Pues todo fue uno. Al parecer eso es una señal inequívoca para los hombres de que no te apetece leer libros precisamente. No. Eso no.

Recuerdo que volvió a sonreír… Y se acercó a mi…

Lo tenía sólo a unos centímetros de mi y lo único que escuchaba eran mis latidos empujando de mala manera a mi respiración. No entendía el motivo de ese nerviosismo. Quizás iba todo demasiado deprisa aunque nadie me llevaba a rastras. Los dos nos acercábamos a la meta conduciendo el mismo vehículo…

—Estás nerviosa. Tranquila. No te voy a comer.

(Posiblemente la frase más idiota que suele decir el lobo al cordero en los cuentos…)

—¿Se me nota mucho?

— Un poco. Yo no he cerrado la puerta. Creía que te ibas…

—Y yo. Pero no. No me voy.

El tenerlo tan cerca mirándome con aquellos enormes ojos me imponía. Bajé la mano de la puerta que parecía haberse quedado pegada. Adherida. No sé los segundos que estuvimos así. A milímetros el uno del otro. Emitía fuego en estado puro. Podía sentir su calor… Mis ojos buscaron algo que no fueran los suyos para no quemarme y sin saber cómo, la mano que hacía un segundo había estado pegada en la puerta, en ese momento empezaba a entrar por debajo de la camisa de Marcos. La Bianca con cabeza flipaba en colores psicodélicos al ver lo que hacía la Bianca hambrienta… Pero se dejó llevar. 
Ya tenía mi mano en su abdomen acariciando la parte más cercana al volcán. Marcos se acercó a mi boca y yo cerré los ojos. Lo deseaba. Claro que si. Deseaba que me comiera la boca y otras cosas que ya empezaban a hervir. Hacía mil años que deseaba eso. Bueno no tanto, pero lo parecía. En aquel momento no se me pasó por la cabeza que sólo habían pasado unas horas desde que lo había visto en la cafetería y menos tiempo aún desde que sabía su nombre. Pues esa misma noche yo le estaba metiendo mano al vecino que armaba escándalo por las noches follando a otras. No escarmentamos. Eso si lo pensé… Pero me dio igual. 
Lo lógico sería contar los pasos siguientes. Las escenas desde la puerta en adelante. Desde donde los dos tenemos ropa a cuando nos la quitamos y más allá. Eso es lo normal cuando te cuentan una historia. Pero de esa noche y de noches similares que tuvimos después no las recuerdo en secuencias lógicas. Ordenadas. Esa es la palabra. No hay un orden en mi memoria. Hay un caos donde imágenes de mi misma unida a él se superponen unas a otras. Hay olor a sexo. No hay límites. Fronteras. A veces no había nada visible. Todo se sentía aunque mis ojos estuvieran cerrados. No había un ayer ni un trabajo ni un mañana ni más deseo que seguir ahí con el. Sólo eso.

Mis manos pasaron al cinturón. De ahí me veo ya en la cama, sin transición. Moviéndonos como culebras lascivas buscando agujeros en los cuerpos para meterse. Estoy frente a sus boxer negros mientras tengo su miembro erecto rozándome la cara… Al segundo, mis manos arañaban su perfecto culo y el mismo se lo bajó dejándome la máquina palpitante que parecía buscar mi boca. En cuanto la tuve dentro los gemidos de Marcos empezaron a ser audibles. Estaba en una nube la Bianca hambrienta. Comiendo todo sin límites. Supongo que la Bianca con cabeza se fue para no volver. Hay partes donde le tengo detrás, dando embestidas como un animal. Sintiendo sus muslos como empujaban mientras sentía su miembro intentando partirme por dentro. En cuanto me cogió del pelo emití unos ligeros gemidos. Siempre había sido así. Deseaba gritar mucho más pero jamás lo hacía. Y entonces Marcos se detuvo y me dio la vuelta.

—¿Qué se supone que es eso Bianca?

—¿El qué?

—Esos gemidos que apenas se escuchan. Si estás conmigo no quiero límites. Grita lo que te pida tu coño. El manda.

—Y pensar que hablé contigo esta tarde por los grititos de tus chicas. Me da vergüenza ser tan…

—¿Tan…? ¿Tan libre?

—No lo llamaría así. Hay que guardar cierto…

—Te he dicho que te podías ir y no lo has hecho. Si te quedas te quiero libre. Te voy a follar hasta dejar esas ideas caducas en tu cabeza. Abre las piernas y dame tu boca.

—Marcos… Dios…

El cabrón parecía haber recibido una dosis extra de fuerza. Me empujaba como si hubiera perdido toda su humanidad y solo quedara la parte más primitiva y animal. Eran embestidas agresivas que recibía mientras me mordía el cuello.

—¡GRITA HOSTIAS! ¡LO ESTÁS DESEANDO!

(Aquí hubo telepatía…)

—¡¡AHHH!… ¡AHHHHH!!…¡AHHHHHH…!!

Estoy seguro que me escucharon en el piso de al lado. En el de más arriba. En el bloque entero. En la calle y a saber donde más. Del misionero me pasaba al perrito. Del perrito a la cucharita. De ahí al sesenta y nueve. Dios… Que manera de follar… Cuando se corría le pedía un descanso. Que parase un poco. No parecía entender mi idioma. Se bajaba a mi herida húmeda y caliente y seguía comiendo… Cuando me corría le volvía a pedir un descanso… Entonces se acercó a mi mientras lamía mis pezones…

—¿Quieres descansar? Ya descansarás cuando seas vieja. Cuando tienes piernas debes correr, andar. Cuando tienes manos debes tocar, coger, sobar… Cuando todavía te mueves y sientes pasión por vivir debes hacer eso. Vivir sin descanso. Follar sin descanso. Gritar sin descanso. Cuando seas vieja la cama solo tendrá un significado para ti. Solo uno. Ahora tiene dos. Haz tu vida para tener los mejores recuerdos cuando el tiempo te llene de arrugas y no te puedas mover.

—No estoy acostumbrada a esto. Hacía mucho que…

—Vale ya de hablar. Come…

Como negarme… Su polla se alegraba de verme abrir la boca… Madre mía… Sudaba como si su meta fuera perder kilos por minuto. Cuando le tenía detrás, sentía sus gotas de sudor caer por mi espalda y mi culo mientras me daba caña hasta que perdía la consciencia. 
Hay partes en las que increíblemente le veo de pie, bebiendo agua. Me ofrece un poco y deja el vaso en la mesilla. Luego se echa a boca arriba y me pedía que me sentará encima… Hicimos más posturas diferentes que los funanbulistas del Circo del Sol puestos hasta el culo de LSD. Temía acabar reventada.. Y así fue… No dormí más que cinco o seis minutos esa noche. 
Por la mañana abrí los ojos y ya sentí que alguien estaba desayunadome la entrepierna sin colacao.

—Joder Marcos… Por lo menos… Ahhh… Podías decir buenos días…

—Buenos días.

—Buenos días.

—Buenas pollas te comías. ¡Jajajajaja!

—Cabrón… Termina tu trabajo y me dedico a lo tuyo… Ahhhh…

Y así toda la mañana. Llamé al trabajo para decir que estaba enferma. Que estaba mala. Mala me había puesto un señorito Marcos y no me dejaba recuperarme. Y yo encantada claro…

—Ya he llamado que no voy a currar. Ya que lo del desayuno nos lo hemos saltado te pregunto si vamos a comer o qué.

—Comer comemos. Llevamos toda la noche comiendo.

—Digo de la de verdad. Tengo hambre, sed… No puedo más. ¿No te cansas?

—Vale. Vamos a descansar. Ven.

En el mismo hombre que me follaba como a una perra había otro. Otro muy diferente. En cuanto el furor se detenía me acariciaba mis pechos muy suavemente. O me giraba para besarme cada parte de mi cuerpo, desde los pies a la nuca, desde mi cuello a mis brazos o mis muslos. Todo. Una ración extra de besos que creo que llegaron a relajarme tanto que casi me duermo de placer. Cuando le tuve enfrente me miraba mucho a los ojos.

—¿Esto es lo que haces normalmente a esas que traes?

—¿Follar? Si.

—No. Digo lo de los besos… Tanto tiempo.

—No. Eso no. Deberías de saber que los besos que da un hombre son directamente proporcionales al amor que siente por ti. No hablo de sexo. Me apetece besar a quien me hace sentir cosas.

—Que dices. Tu no puedes sentir eso. No ha pasado ni un día completo desde que nos conocemos y solo nos conocemos sexualmente.

—Lo que veo me gusta. Me gusta mucho. No sé como llamarlo.

—….

No sabía que responder ya que yo también sentía algo. Aunque no le hacía mucho caso ya que quizás sólo era el furor uterino el que me estaba engañando.

Ese día pedimos pizza para comer. No sentía mis piernas cuando nos pusimos a comer. El insistió en comer en la cama. Algo que jamás había hecho con mi ex. Eran unas vacaciones de mi misma. Me sentía libre. 
Empecé a conocer a Marcos como persona no sólo sexualmente. Me hablada de libros y me enseñaba películas increíbles de las que no sabía nada. Realmente Marcos me enseñó a ver. A fijarme en los pequeños detalles de sus películas favoritas. El seguía escribiendo y cuando consiguió publicar su primer libro lo volví a leer pero ya no me asustaron aquellas escenas sexuales que se le daba tanta bien contar. Ahora podía ver que realmente no trabajaba tanto al escribir. Sacaba muchos sentimientos y escenas de lo que vivía en su vida. Los demás nunca nos parabamos a analizar la vida para sacar tanto material en palabras escritas. Él si, y se le daba de miedo.

Después de aquel día vinieron muchos más. Siempre bajaba yo a su piso y follábamos como el primer día. A veces me cruzaba con vecinas que me sonreían pero nunca nadie me dijo nada. En el piso de abajo de donde vivo se siguen oyendo gritos sexuales de placer, pero nadie del piso de arriba baja para quejarse ya que cuando se escuchan, arriba no hay nadie…

Soy feliz… Ojalá esto dure mucho…

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Bianca escribía las últimas líneas del relato en la pantalla del portátil. Después de alguna corrección, pensaba que ya estaba bien. A su lado Lola había terminado de leerlo.

—¿Vas a mandar ese relato al editor?

—Claro. Ya lo has leído. ¿Que te parece?

—Pero si eres tú… Y Marcos. No has cambiado ni los nombres. Y te muestras… Desnuda… No solo de sentimientos… Es fuerte. Los demás me gustan mucho. Pero este relato.. Es el único que eres tu.

—Todo lo que viví con Marcos fue así. Fuerte. Intenso. Pásame la muleta. Voy a por café.

—Ya voy yo. No te levantes.

—¿Sabes que día es hoy Lola? Cuando lo he visto no me lo creía. Diecinueve de Agosto.

—Es verdad… Hoy hace dos años ya. El mismo día que envías esa historia es la fecha de… Increíble. Yo creo que las cosas pasan por algo. Esto no es casualidad.

—Marcos…

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—Marcos… Estate atento a la carretera. A ver… Tenemos que ir recto hasta Coruxo de Arriba, es la AC-173,luego la carretera gira hacia Porto de Santa Cruz. Allí cerca está el Hotel.

—Vale. Vamos bien entonces. Pero esta puta niebla… Joder. Nos ha pillado Galicia que parece Londres.

—Cada vez hay más según va oscureciendo. No deberíamos haber estado tanto rato en el pueblo ese. Al final ya verás… Marcooos…

—Queeee…

—Esa mano… No me metas la mano ahí abajo mientras conduces… No me… Joder… Venga. Estate atento que no se ve nada.

—Jo. Si puedo hacer las dos cosas a la vez.

—Estás conduciendo. Luego tendremos tiempo de eso y más. Pero ahora no te dejo…

—Pues dormiré con tetita.

—Trato hecho. Tetita para dormir. Ahí… Pasando esa señal. Gira…

—Dame un cigarro.

—Deberías dejar de fumar. Mira que te lo digo. Donde están.

—Ahí. En la guantera.

—No se abre. Está atascada.

—A ver…Déjame… Tienes que tirar un poco hacia un…

—¡MARCOS!! ¡LAS LUCES!! ¡VIENE DE FRENTE VIENE DE FRENTE!! ¡NOOOOO!!

—¡DIOS!

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—Creo que mi cabeza intenta siempre eliminar la fecha real en cuanto llega agosto. Pero da la casualidad que lo he enviado hoy. Si llego a acordarme no escribo nada. Dios…

—Venga Bianca. Tranquila. Estoy contigo. Seguro que desde el cielo te está viendo. Estará orgulloso de ti. Si lo piensas bien al final has hecho lo que el hacía y tu nunca imaginaste hacer. Escribir. Y te has atrevido a contar aquel encuentro. Y lo haces con mucha intensidad. Eso me gusta. Quizás escribe él a través de ti…

—Eso lo he pensado a veces. Yo no era así antes de conocerlo. Y menos me salían estos textos donde lo cuento todo. Creo que si. De alguna manera, es él el que escribe. Yo solo soy la mano. 
Me lo decía muchas veces. «Deberías intentarlo. Es bueno para la cabeza. Escribir y soltar lo que llevas dentro» Y un día empecé y ya no he parado. A veces me dan ganas de volver a aquel instante y desear quedarme allí con el. No debería de estar aquí.

—No digas eso. Ni de broma quiero oírte decir eso Bianca… Llora si lo necesitas. Ven…

—El relato solo muestro el inicio, la parte sexual de él. Aquel primer día. Pero todo lo que vino después no cabe en un relato. Dos años que he vivido tan intensamente como jamás lo había hecho. Cada día era una aventura… Debería de escribir un libro… No un relato… Tengo tanto que contar…

—Pues adelante Bianca. Siempre adelante…

– –  – –

«¿Quieres descansar? Ya descansarás cuando seas vieja. Cuando tienes piernas debes correr, andar. Cuando tienes manos debes tocar, coger, sobar… Cuando todavía te mueves y sientes pasión por vivir debes hacer eso. Vivir sin descanso. Follar sin descanso. Gritar sin descanso. Cuando seas vieja la cama solo tendrá un significado para ti. Solo uno. Ahora tiene dos. Haz tu vida para tener los mejores recuerdos cuando el tiempo te llene de arrugas y no te puedas mover.»

 

 

 

 

YA NO TENGO GANAS

(Silvia Nelli)

No, ya no tengo ganas. Ya no más, sólo quiero vivir y mantener esa serenidad que con cierta dificultad he recuperado. Yo no soy el problema de nadie y nadie debe ser más mi problema. Cada uno vive sus problemas a su manera y en su cabeza, así que cada uno resuelva los suyos. No tengo tiempo ni ganas de pagar por cosas que ya no me incumben y que ponen en peligro mi serenidad.

Del “Aquí estoy” hice una frase muy restrictiva.

Hice del  ” Te Quiero”  algo raro y elegí que de mi ” Cuenta Conmigo ” es algo que hay merecerlo y ganarlo.

No, ya no tengo ganas. Ya no tengo ganas de escuchar tonterías,ni cosas absurdas, ver gente que se rinde por poca cosa, ver que lo más fácil  es lastimar que ayudar, juzgar que entender, echar un vistazo en lugar de mirar profundamente y sobre todo,creer que se está en lo correcto sin preguntarse si tal vez es el momento para hacer un examen de conciencia.

 No, basta… dejadme vivir como quiero,no impondré mi  presencia a quien no desee y habrá presencias que no me agraden, no voy a agradar a tod@s,ni tod@s serán de mi agrado, nunca he pretendido gustar,ni fingí complacer. Salgan… y asegúrense que mi tiempo y mi bien tengan un sentido y valor para los pocos que he elegido. No se preocupen por quien tengo alrededor…  distingo muy bien, incluso en la multitud, los conocimientos reales de los verdaderos lazos!

 

 

HUESOS
 Rafa Martín

https://www.facebook.com/rafamartyn/
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—Es suave tu mano. Me gusta.

—No. No me toques.

—Acércate. ¿Ves? Soy cómo tú.

—No me gusta. Estás frío. No eres más que huesos. Déjame dormir…

—Tu eres lo mismo que yo era. Huesos. Pero tu tienes vida física. Lo que hay debajo de tu piel es lo que me ves a mí ahora. Lo que toca el aire. Me siento extraño tocando una piel que tuve.

—No es lo mismo. Tu estás muerto.

—¿Me tienes miedo? No voy a hacerte daño. Otros te lo hacen y están vivos. Es difícil meterme en los sueños de los vivos, pero a veces lo consigo. Sigue hablando… Sigue…

—No quiero hablar. Quiero dormir. Déjame. No quiero verte. Es todo negro. No tienes cara. Hace mucho frio aquí.

—¿Aquí? No estás en ningún lugar. Ese frío es un sentimiento que se hace físico en tu mente. Debes seguir la conversación. Pregúntame cosas. Dime algo. Así será más fácil todo.

—No sé que preguntar. ¿Quién eres?

—¿Importa eso? No. Pregunta otra cosa. Sigue hablando.

—No tengo fuerzas. Me gustaría viajar. Eso. ¿Puedo ir a China?

—¿Viajar? Sólo tienes que desearlo. Desea flotar entre las nubes. Sigue los caminos de los recuerdos que no has tenido. Todos los tienen pero no lo saben.

—Estoy dormida. Así no se viaja. Quiero viajar de verdad. Cuando me despierte quiero ver muchos países. Quiero…

—Estás despierta pero en otra esfera de la realidad. Los vivos están dormidos. ¿Lo sabías?

—Eso no tiene lógica.

—Tiene toda la lógica de la realidad multidimensional. Vosotros sólo conocéis una. Hay muchísimas más. Arriba y debajo de vosotros. Sólo sentís unas pocas cosas de las que ocurren realmente. Yo fui una vez así. Una vez estuve dormido. Ya no…

—Ahora estoy dormida. Mañana estaré despierta. Así es la realidad. No hay más.

—Que equivocada estás. Ahora estás despierta, mañana estarás dormida con millones de seres dormidos que se mueven. Ahora sueñas cosas posibles. Mañana serás pieza previsible.

—Que tontería. Los que duermen no pueden hacer cosas y nosotros hacemos cosas cuando estamos despiertos. Cuando me dejan salgo con mis amigas y…

—… Cuando me dejan..

—Si. Eso he dicho. Cambiemos de tema. Yo voy a sitos, me gusta bailar, leer, jugar con mi perro. Me gusta la tarta de…

—Los que duermen creen que hacen cosas porque creen estar vivos. Los que sueñan hacen cosas sin saber que las hacen porque no saben que están despiertos. Me gustaría tanto seguir hablando con alguien del otro lado. A veces lo recuerdo… A trozos. Y siento cariño por vosotros…

—Me parece interesante lo que cuentas. Podemos seguir hablando más. No me siento sola… Y es raro. Mañana intentaré recordar lo que me has dicho. Creo que podré.

—Ya. Siento que haya tenido que ser así. Estaba todo previsto.

—¿Ya? ¿Ya qué?

—Estabas soñando. Ya pasó. Has despertado para no volver a dormir jamás. Bienvenida. Desaparece tu carne…

—Mi…no sabía nada… O sea que estoy… Muerta. He muerto estando dormida. No he sentido nada. ¿Un ataque al corazón?

—No.Tu marido te ha dado un golpe mortal en la cabeza mientras dormías en vida. Ha sido instantáneo.

—Sentía que en algún momento haría eso. Sabía que lo haría. No sé porqué no hice nada. Llevo más de dos años sufriendo…

—Lo sé. Ahora sabes todo. ¿Verdad?

—Si. Ahora sé la respuesta. ¿Cual era la pregunta?

—También la sabes. Sé que quieres hablar más pero ya no puede ser… Se acerca otro… Hasta siempre Laura…

 

 

 

 

AMORE DOLCE

(https://www.facebook.com/AMOREDOLCEINFINITO/)

-Te has dejado crecer el pelo.
– Eso parece.
-Lo tenías corto cuando estabas conmigo.
-Lo sé.
– Estás bien, por cierto.
-Gracias.
– Eres demasiado hermosa.
– No deberías decírmelo. Soy tu ex.
– Puedo decírtelo. Te amé.
En la cara de ella se reflejó una mueca. Me amaste porque soy hermosa?
-No, no fue eso. Te amé porque ….en realidad no sé por qué.
-Cómo que no sabes por qué?
– Es que tú eras… no sé decirte.
Hubo un momento de silencio, entonces ella finalmente sonrió : – Yo te amaba. Nunca lo entendiste, pero yo te amaba.
– Nunca me lo dijiste.
– Tienes razón. Te dije muchas cosas, pero que te amaba no.
-Me dijiste que era un idiota, que te traté mal, que era inmaduro…
-Dios mío, sabes que no lo pensé de verdad.
– Y qué fue lo que pensaste en verdad?
– Que eras genial. Tenías esa manera de ver las cosas y yo amaba esa forma de ver las cosas. Eras adorable cuando me sonreías al otro lado de la calle y cuando me acariciabas la mejilla en cuanto me mirabas. Eras tan dulce cuando me dejaste de estar en tus brazos y sabes yo odiaba sentirme pequeña, pero cuando me apretabas me sentía diminuta y me sentía muy bien en tus abrazos y eras increíble cuando estabas escuchando mis asuntos, como estás haciendo ahora…
Se detuvo por un instante con lágrimas en los ojos, luego lo miró y la voz le temblaba mientras pronunciaba esas palabras:- Y como ahora, me sonreíste. Sólo que después me besaste y me dijiste que todo estaba bien.
Fue un momento. Un momento en el que él se asomó al otro lado de la mesa y la besó.

-Y le dijo :- Todo está bien.

Ella respiró profundo.

– No deberías haberlo hecho. Soy tu ex.

Sabes por qué te amé?

-No

– Porque era imposible no hacerlo. Eras algo que no podía entender, y cuando lo intentaba, me perdía. Y cuando me perdía, encontré tus ojos y ellos siempre me miraban con un amor infinito, no importaba lo imbécil que fuera contigo o lo que te molestaba o lo que te hiciera llorar, tus ojos continuaban siempre amándome. Te amaba porque eras fuerte, mi niña. Siempre pensaste que yo te estaba protegiendo a ti, pero en realidad tú me estabas protegiendo a mí. Nunca te protegí. Y tú no tienes ni idea de cuántas veces me he odiado. Me odié cada vez que no te defendí y no te dije que te amaba. No me dijiste que me querías, pero sabía que me amabas. No te dije que te amaba, pero te amaba. Lo sabías?
La sonrisa de la chica se tornó triste :- No.
– Pero te amaba. De verdad.
-De haberlo sabido, no me habría rendido contigo.
-Entonces ahora ,estaríamos juntos?
– Ahora aún estoy contigo.
– Pero sigues con él.
– Y tú estás con ella.
– Pero estoy contigo.
Ella suspiró :- No pasa nada,está bien. Hemos ido más allá de nuestro amor.
– No lo sé. Todavía estamos aquí.
– Ya no somos los que éramos.
– Tienes razón. Tienes el pelo más largo.

Finalmente ella sonrió. Y él no pudo reprimir no decírselo:-Tu sonrisa  es siempre la misma,pero…
Su mirada se tornó seria :- Incluso tu capacidad para hacerme sonreír es siempre la misma.
– Quieres saber la verdad?
– Si,por favor.
– Mi amor por ti permaneció siempre intacto.
– Quieres saber la verdad?
– Si
– Ves mis ojos?
Se miraron.
– Si,los veo.
– No lo entiendes?
– Qué debo entender?
-Dijiste que te miraban con un amor infinito.
– Si y qué?

– Ni ellos han cambiado. Todavía te siguen mirando.

LA VOZ A TI DEBIDA

(Pedro Salinas)

 

 

L’APPARENZA È COSTRUZIONE…L’ESSERE È CERTEZZA!!!

(Silvia Nelli)

 

 

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